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De vacaciones [II]

Después de haberme corrido como animal por culpa de Dani y su morboso roce en el Jeep de camino al hotel, me moría de vergüenza, los dos éramos muy machotes y aunque reconozco que en pleno calentón hubiera podido hacer cualquier cosa con tal de descargar, ahora, con la cabeza más fría, era incapaz de mirar a mi chica a los ojos, y mucho menos a Dani, que me escribió para que quedáramos a cenar y al que ni siquiera contesté. Seguir leyendo De vacaciones [II]

Celebrando el partido

Freier Fall

Después del partido de España-Francia, un amigo casado con el que he follado en varias ocasiones dijo que vendría a visitarme hoy por la mañana a “pasar un ratito”.

Mi amigo es un tío bastante buena gente, con un trankazo de los que quitan el hipo, activazo como él solo, no es muy guapo pero tiene ese carisma de macho duro que tanto me pone.

En otras ocasiones hemos quedado y me he vuelto con el culo dolorido varios días porque tiene una herramienta de dimensiones bastante considerable; así que anoche pensando en el buen rato que iba a pasar y caliente “como una perra”, decidí dilatar mi ojete para evitar dolores posteriores, el cual hacia mas de quince días que no entraba en acción.

Así que cogí un bote de lubricante y mi consolador negro (LENNY, por Lenny Kravitz) y me puse manos a la obra. Primero un dedito, mmmm; luego el segundo, mmmm; el tercero entra con mas trabajo, pero también. Así que embadurno a Lenny de arriba a abajo, y poco a poco entra; era la primera vez que lo probaba. Lo dejé dentro un rato para que hiciera hueco y me corrí salvajemente.

Me toqué el culo y pensé que estaba preparado para cualquier cosa.

A las 12:30 puntual como un reloj apareció Ramón (no es su verdadero nombre pero bastará) en mi casa. Llegó cortadete, como siempre, con una sensación de culpa bestial; tiene dos horas libres de mujer y niño y viene a pasarlas conmigo (creo que mi culo le gusta más que el comer). Le hago pasar al dormitorio, donde previamente he creado el ambiente propicio, le beso levemente, pues no le hacen muchas gracias los besos, pero me lo permite. Le meto mano al paquete y compruebo que ya lo tiene como un leño… él sin pensárselo me aprieta el culo.

– ¿Quién se va a comer esta polla? – le digo.
– Tu culito, cabrón, tu culito.

Se abre el pantalón y saca su bestiajo que babea liquido preseminal, me lo meto en la boca, despacio al principio y salvajemente hasta el final, ahora si que la tiene dura.

Él, mientras tanto, me ha bajado los calzones y me cachetea el culo, se ha empezado a animar y aquí esta el Ramón que me pone a cien.

– Tienes mejor culo que mi mujer, te la voy a meter hasta los huevos – me dice mientras me cachetea el culo hasta ponérmelo rojo.

Yo, mientras tanto, no paro de comerme su polla, hasta el fondo, en algunos momentos casi me dan arcadas pero las soporto.

Pasan por lo menos diez minutos mamándosela, yo cada vez estoy más empalmado y más caliente, él no para de hurgarme el ojete con sus dedos ensalivados, cuando ve con la facilidad que me entran sus dedos me dice:

– Tú has estado follando, ese culo está muy abierto.

Le digo que no, y le cuento mi polvo con Lenny. Se le ponen los ojos como platos y me pide que se lo enseñe.
Cuando lo tiene en sus manos, lo empieza a mirar y su polla entre mis labios empieza a latir babeando un rico liquido preseminal. Me dice que me ponga a cuatro patas sobre la cama, creo que me quiere empezar a follar, yo le pido que vaya despacito que no sea tan bestia.

Me empieza a pasar a Lenny por el culo, de manera salvaje y a golpearme los cachetes con él y empieza a decir:
– Hoy vas a tener dos pollas para ti, ¿cuál quieres primero?

Sin darme tiempo a replicar nada embadurna de lubricante a Lenny y sin preámbulos me lo mete poco a poco por mi ano, no para de proferir guarradas mientras me lo mete, me coge por el cuello y hace una cosa que no había hecho antes… me echa un escupitajo en la boca, al que yo extasiado de placer como estoy, no puedo evitar ser complaciente.

Por lo menos se entretiene durante cinco minutos con el mete y saca, hasta que llega a los huevos del consolador, tengo el nabo a punto de expulsar un géiser pero el me coge las manos y me dice que me este quieto que lo mejor viene ahora.

Me saca el nabo de látex negro y se pone el preservativo talla especial en esa herramienta que dios le ha dado, abierto como estoy entra de golpe lo que le pone a mil y empuja salvajemente, el placer me recorre el cuerpo entero, pero el sigue cogiéndome las manos para que no me corra, el tío aparte de tener un buen cacharro sabe como usarlo y tarda mucho en correrse, cuando se cansa de darme por detrás, me pide que cambiemos de postura me tiendo en la cama de lado me levanta la pierna hacia arriba y de golpe hasta los huevos , me duele un poco pero el placer que me produce su nabo dentro de mi cuerpo es mayor, la saca, la mete, una y otra vez siento sus huevos golpear contra mi culo. Estoy en el séptimo cielo.

Por último me pide que me acueste sobre la cama, se tiende sobre mi y siento que su polla me llega aún más adentro, no se cuanto tiempo pasa antes de que empiece a retorcerse como un animal, la saca salvajemente, se quita el condón y me echa inmensos chorros de leche sobre la cara… Su polla sigue dura.

Se acerca me restriega un dedo por la cara llena de semen, y me lo mete en la boca… Esta muy rica, y él sabe que me gusta. La situación tiene morbo para dar y regalar.

– Campeón, tú no te has corrido como quieres que te haga correr

Otras veces me ha hecho correrme comiéndome el culo, o pellizcándome los pezones, lo que no espera que le diga es lo que suelto por esta boquita: – Quiero te mees encima de mí, mientras me pajeo.

Su cara pasa de la sorpresa a la satisfacción y sonriendo me dice: – Me das una cerveza

Una vez se ha tomado la birra, vamos al cuarto de baño donde me arrodillo en el suelo de la placa de ducha. Ramón tiene el nabo todavía duro, por lo que cuesta un poco de trabajo orinar, pasan unos segundos en los que yo pienso que si no resulta, ya con otra cosa no me corro. Cuando un chorro amarillo sale de su polla que me ducha de pies a cabeza, centrándose en mi cara, en mí pecho y en mis manos que aprietan mi polla en una trepidante paja. Cuando me corro, todavía su pene escupe meos. Miro a Ramón que sonríe y me dice:

– Eres el maricón perfecto, un señor en la calle y muy puto en la cama.

De vacaciones

Cachas en la playaMi novia sugirió que pasáramos las vacaciones con otra pareja, yo aunque no se lo dije, agradecí la idea, y es que después de casi cinco años juntos estar las 24 horas del día durante dos semanas con Cristina, se me antojaba un poco aburrido, ya que ella era incapaz de levantarse de la toalla mientras hubiera rayos de sol y a mí, me gustaba más estar en movimiento, ya sea nadando, practicando surf o corriendo por la playa, mi afición por los deportes me permitía tener, a mis 30 años, un cuerpo musculado y bien definido, sin mucho vello, ya que Cris era la encargada de recortarme el vello del torso siempre que íbamos a hacer un viaje.

Iríamos a las Canarias, y nuestros acompañantes serían Lucía y Dani, ella era compañera de trabajo de Cris, y siempre bromeaban con que todo el mundo las tomara por hermanas debido a su gran parecido, ambas rubias, ojos verdes, delgaditas pero de generoso pecho y no muy altas. A pesar de coincidir casi a diario con Dani en el gym, no tenía ninguna relación con él más allá del saludo cordial consecuencia de la amistad entre nuestras chicas, a mi parecer él era el típico “chulito de gym”, encantado de conocerse, era guapo y lo sabía, tenía un cuerpo envidiable, y lo sabía y sus ojos azules hipnotizaban al mínimo contacto con ellos, ahora que lo pienso, puede que por aquel entonces le tuviera cierta envidia.

Dani y yo pronto asumimos que al menos durante el día tendríamos que hacernos compañía el uno al otro porque nuestras chicas no pensaban moverse de la toalla, por suerte por las noches nos recompensaban con buen sexo, más o menos hasta el sexto día en el que ambas completamente quemadas por el sol nos impedían que las tocáramos por las noches salvo para darles crema hidratante.

Dani y yo seguíamos yendo a la playa y practicando deporte durante el día, pero a medida que nuestra confianza iba siendo mayor y la abstinencia sexual a la que nos tenían sometidos nuestras parejas iba en aumento, nuestras charlas cada vez giraban más en torno al sexo y no había chica en la playa sobre la que no comentáramos las guarradas que le haríamos si se dejara.

A mediados de la segunda semana practicamos surf en una playita de difícil acceso, un autobús del hotel nos llevó hasta el lugar pero a la hora de la vuelta nos encontramos con que un Jeep en no muy buen estado con un chófer del Hotel sería nuestro transporte, y el de nuestras tablas. Las tablas ocupaban el asiento del copiloto y buena del asiento trasero, con lo que sólo quedaba espacio para una persona atrás, Dani me cedió el asiento y dijo que él llegaría caminando, pero eran más de 3 kilómetros, por un camino de lleno de desniveles y piedras a pleno sol, así que le dije que iríamos los dos en el Jeep de la manera que fuese, no era un trayecto tan largo en coche. Finalmente Dani tomó asiento y yo que pesaba algo menos, me coloqué encima de él. El chófer arrancó, mi posición era incómoda, y no sólo por los baches y volantazos, sino por estar ahí, encima de otro tío, ambos sin camiseta, vestidos únicamente con un bañador ajustado que era el que llevábamos debajo del traje de surf. A los pocos minutos de viaje empecé a notar como Dani se movía nerviosamente de su asiento, supuse que era por mi peso y me levanté un momento, al volver a incorporarme noté que sus movimientos eran para ocultar su erección sobre la que acababa de posar mis nalgas, no dije nada, pero le entendía, llevábamos varios días sin sexo y el movimiento del Jeep sobre el camino y el roce al que nuestros cuerpos estaban siendo sometidos había activado en su cuerpo una reacción de lo más natural y yo inconscientemente dejé de sentir los baches del camino y me concentré en la polla sobre la que estaba sentado, nunca me había visto en una situación así y a pesar de que los dos llevábamos bañador la sensación de proximidad era tan fuerte que podía sentir cada centímetro del contorno de su miembro sobre mi culo, era como si no hubiera nada más, se me estaba empezando a poner morcillona cuando llegamos a nuestro destino y el chófer nos hizo bajar.
Al ser yo él que estaba encima bajé el primero y vi como Dani remoloneaba y buscaba el traje de surf para tapar su erección, estaba realmente nervioso, muy lejos de su seguridad habitual, por lo que decidí calmarle.

– No te preocupes, es normal. -le dije-.
-¿El qué?
– ¡Que te hayas empalmado tío! – dije mientras le quitaba de encima el traje de surf con el que seguía ocultando su enorme bulto.- No lo puedes negar, ahí lo tienes, saludándome jejeje.
– ¡Serás cabrón! Vale, sí, se me ha puesto dura, llevo una semana sin mojar, nos pasamos el día hablando de sexo y ese camino estaba repleto de baches y curvas. Ha sido una respuesta fisiológica, así que no te hagas ilusiones julandrón, que tú nada has tenido que ver. – Me dijo Dani ya recuperando su tono chulesco-.
– Jajaja de acuerdo, pero la próxima vez iré yo debajo, no quiero que me la claves con la excusita de que tu novia no te deja mojar, jejeje.

Efectivamente al día siguiente nos encontramos con la misma situación, mismo chófer y mismo Jeep para hacer el trayecto de vuelta, ya que a esa hora los autobuses del hotel estaban ocupados. El viajecito en Jeep del día anterior me mantuvo caliente toda la noche, le pedí a Cris que me ayudara, que al menos me hiciera una paja, pero no estaba por la labor y tuve que consolarme yo sólo en el baño, me corrí en seguida, me duché y volvía a estar caliente, no sentía ninguna atracción por Dani, pero tenía que reconocer que la situación era de lo más morbosa. Quise probar algo nuevo y en el baño cogí un bote de espuma con forma cilíndrica, lo coloqué sobre la taza y me senté sobre él, estaba frío, pero el contraste con mis huevos que ardían por el calentón hizo que me empalmara de nuevo enseguida pese a haber eyaculado hace menos de 10 minutos, imité el vaivén del Jeep y simulé que el bote era la polla de Dani, me volví a correr al momento.
De nuevo nos encontrábamos ante el dilema de como sentarnos en el Jeep, si bien es algo que esperaba con ansias desde la noche anterior, así que rápidamente tomé asiento y dando unas palmaditas sobre mis mulsos indiqué a Dani que esta vez sería él que se sentaría encima, “Pero sin mariconadas”, me dijo.
El viaje comenzó, reposé mi cabeza y espalda sobre el asiento y comencé a sentir las nalgas de acero de mi colega sobre mi paquete, un bachecito, otro y la reacción fue instantánea, la tenía como una piedra. Dani lo notó:
-¿Qué?, ¿Julandrón?, ¿disfrutas del viaje? – Me dijo con una sonrisa pícara. Acto seguido comenzó a moverse de un lado para otro lo que hizo que me pusiera aún más cachondo y que me polla quedara colocada justamente en la rajita de sus nalgas, la sensación no podía ser más placentera, pero me equivocaba, en ese momento Dani empezó a apretar y relajar las nalgas entre las que estaba mi miembro y el placer se volvió irresistible, puse mis manos en su cintura y le ayudé a acompasar los movimientos. Iba a explotar, y que él volviera la cabeza para mirar lo cachondo que me estaba poniendo, todavía me encendía más. Apoyé mi frente sobre su espalda y comencé a resoplar:
– Para tío, vas a hacer que me corra. – Susurré, pero él lo tomó como una invitación a aumentar sus movimientos, y no pude controlarme, y me corrí, dentro de mi bañador con Dani sentado encima, caí exhausto sobre el asiento y Dani hizo lo mismo apoyando su espalda sobre mi pecho, su cuello quedó a la altura de mi boca, y la cercanía de su cuerpo me erizó la piel.

Llegamos al hotel, bajamos del coche. Dani la tenía dura, el bulto de su bañador le delataba, y parecía no importarle, a mí ya se me había bajado, pero aunque no se notara mi bañador por dentro estaba rebosante de leche, yo me moría de la vergüenza, no podía mirar a Dani a los ojos, sólo quería irme a mi habitación y ducharme, pero no quería ser brusco, por suerte Dani tomó la palabra:

-Colega, creo que a partir de ahora sí que vamos a disfrutar de nuestras vacaciones. – Me dijo mientras se agarraba obscenamente el paquete.

Efectivamente nuestras vacaciones se volvieron mucho más placenteras a partir de entonces, pero esa es otra historia. [Seguir leyendo]