De vacaciones [II]

Después de haberme corrido como animal por culpa de Dani y su morboso roce en el Jeep de camino al hotel, me moría de vergüenza, los dos éramos muy machotes y aunque reconozco que en pleno calentón hubiera podido hacer cualquier cosa con tal de descargar, ahora, con la cabeza más fría, era incapaz de mirar a mi chica a los ojos, y mucho menos a Dani, que me escribió para que quedáramos a cenar y al que ni siquiera contesté. [Lee también la primera parte de este relato].

Chulazos en la playa de vacaciones

No pegué ojo en toda la noche, no paraba de darle vueltas a la cabeza ¿me estaba volviendo gay?, seguía sin sentir atracción por un cuerpo masculino, pero recordaba lo cachondo que me había puesto tener a Dani moviendo su culazo sobre mi polla dura y lo morboso de la situación y no había manera de que me bajara el calentón. Ni siquiera intenté tener sexo con mi novia porque sabía que la respuesta iba a ser no, además de estar quemada por el sol, ahora tenía una nueva excusa, le había venido la regla, con lo que mis planes de tener sexo con ella durante el resto de vacaciones acababan de esfumarse por completo.

Aunque no quedé con Dani, salí del hotel hacia la playa a la misma hora que los días anteriores, y puse mi toalla en el lugar dónde ya era habitual que nos colocáramos. No llevaba ni 10 minutos tumbado cuando apareció Dani y puso su toalla junto a la mía, apenas saludó con un “mehh”, volvíamos a estar incómodos el uno con el otro, como en los primeros días, cuando ni nos caíamos bien, ni teníamos de qué hablar. Cuando llevábamos como una hora al sol sin apenas haber pronunciado palabra Dani me dio un codazo y me hizo mirar hacia su derecha.

– Eh tío, ves esa cachonda de de allí, la que está sola, en tetas. No para de mirarnos.

Eché un vistazo a la chica, y efectivamente, estaba mirándonos, y es más, sonrió al saberse observada por los dos a la vez.

– Sí, la veo, y está bien buena, ¿pero que pretendes? – pregunté a Dani.

– No lo sé, seguirle el juego, de momento, no hago daño a nadie, y Lucía me ha dicho que está como tu chica, con la regla, que se les debe sincronizar con aquello de pasar tanto tiempo juntas, así que estoy a dos velas.

El juego de miraditas continuó durante un buen rato. Era todo muy raro, por un lado volvíamos a sentirnos como dos machotes observando a la tía y comentando lo buena que estaba, y por el otro, el ambiente estaba enrarecido por lo que ocurrió el día anterior, pero ambos parecíamos dispuestos a olvidarlo y a dejar clara nuestra virilidad.

Me acerqué a la orilla a darme un chapuzón y nadar un poco, vi que Dani y la chica seguían mirándose y sonriéndose. Me sumergí y empecé a nadar, cuando estaba dispuesto a salir me topé con la chica, que se había metido al agua, me comentó que se llamaba Carla, yo me presenté y le dije que mi colega se llamaba Dani, ella me confesó que pensaba que éramos una pareja gay, porque no era habitual ver a dos chicos tan guapos juntos y que no fueran mariquitas, le agradecí el piropo y le aclaré que no éramos pareja, pero tampoco le conté nada de nuestras novias. Tras una breve charla ella continuó nadando y yo volví a mi toalla, donde Dani estaba esperándome ansioso por saber qué había hablado con nuestra codiciada vecinita.

– Cuenta, cuenta tío, ¿qué te ha dicho? – dijo Dani agarrándome del brazo y lanzándome contra la toalla.

– Nada tío, se ha presentado, me ha dicho que es de aquí y poco más.

– ¿Y? vaya mierda de conversación tío, ¿me puedes explicar cómo te ligaste a Cristina? Porque no será por tu don de gentes. ¿No ha habido ni un poco de flirteo? ¿te ha preguntado por mí?.

– Sí, me ha preguntado por ti – la cara de decepción de mi colega cambió por completo y volvió a sonreír de nuevo.
– Pero lo que me ha preguntado no te va a gustar, me ha dicho que si éramos maricones.

– ¿Y qué le has dicho?.

– ¿Qué le voy de decir pedazo de gilipollas? Que no lo somos, ¿tú lo eres? Porque yo no. – dije en un tono algo más brusco del que me hubiera gustado emplear.

– Calla, calla, que por ahí vuelve la tía.

Justo entonces sonó mi móvil y lo cogí, era Cristina, me alejé de dónde estábamos mientras conversaba con mi chica, y vi como Dani se acercaba a la toalla de Carla, y se daban dos besos, intuí que presentándose formalmente. La charla con mi novia se alargó bastante, lo mismo que la de Dani y nuestra nueva amiga. Cuando me acerqué de nuevo a la toalla ya habían terminado de hablar, Carla se había alejado como acababa de hacer yo porque había recibido una llamada, y Dani, de nuevo, me esperaba nervioso.

– Tío, tío, tío, no te lo vas creer. – me dijo – Quiere montárselo con los dos. Me ha dicho que estamos como un tren, y que le pone muy burra hacerlo al aire libre, según me ha explicado siguiendo el camino de las dunas hay un pequeño claro, estupendo para montárselo, la tía tiene pinta de haberse llevado a más de un tío allí.

– ¿Y quieres que nos lo montemos los dos con ella?.

– Vamos tío, sé que estás igual de salido que yo, y que nuestras chicas no nos lo están poniendo fácil estas vacaciones, Carla me ha dicho que o se lo monta con los dos o nada, y si los dos les ponemos los cuernos a nuestras novias, ninguno podrá abrir la boca sobre el tema, porque ambos estaremos en la misma situación.

El razonamiento de mi colega tenía lógica, y otra vez, se me planteaba una situación altamente morbosa, a la que, aunque me costara admitirlo, no me quería negar.

– Está bien, Dani, acepto, ¿cuál es plan?.

– Toma, toma, toma, gracias, tío, – dijo mientas me daba pequeños puñetazos en el pecho.- Carla me ha dicho que vayamos nosotros primero, que es muy obvio si vamos los tres a la vez, y que la esperemos en el claro, junto a la pequeña caseta de electricidad.

Cogimos nuestras cosas y fuimos hacia el sitio, Carla seguí al teléfono y nos hizo un gesto cómplice al ver que nos marchábamos en dirección al lugar donde nos había dicho. Apenas hablamos en el breve trayecto, pero Dani estaba muy emocionado, iba por delante de mí y daba saltitos de vez en cuando, lo cual, tengo que admitirlo, era una visión que llamaba bastante mi atención, ya que sólo llevaba puesto el speddo y cargaba con sus cosas en un petate. Encontramos el claro y la pequeña caseta de electricidad, dejamos nuestras mochilas y ahora sí, empezamos a hablar.

– Joder, tío, que morbo, montárnoslo con esa tía, y al aire libre, no me digas que no es un planazo. Vale, no hace falta que contestes, tu bañador lo dice todo, estás empalmadísimo, maricón. – Dijo entre risas dándome un golpecito en la polla, que, efectivamente, estaba bien dura.

– Pues tú no quedas corto, anda, deja de cruzar las piernas que no hay manera de esconder ese calentón que tienes. – y esta vez fui yo el que acercó la mano a su rabo, pero en lugar de limitarme al golpecito que me dio él, se la agarré bien fuerte y le mantuve la mirada.

– Jaja, para tronco, que si viene ahora y nos ve así se pira. – comentó mientras estiraba su mano para alcanzar mi paquete y yo no retiraba la mía del suyo.

– Jeje, uff, perdona, es el calentón del momento. – le contesté, dando un paso atrás y retirándome – Espero que a esa tía le guste comer rabo, porque ando bien necesitado de una mamada, y me fiparía tenerla de rodillas mientras se zampa nuestras pollas a la vez.

– Ya te digo macho – dijo mi colega mordiéndose el labio y dejando su polla al descubierto.

– Con que esas tenemos ¿eh?, ¿Qué quieres una pelea de sables? – respondí a su descaro sacándome también la polla y bajándome el speedo hasta las rodillas.

– ¿Le gustará vernos así? Esperándola con el rabo en alto, ¿a quién crees que se la comerá primero?. Supongo que será a ti – dijo entre risas Dani.

– ¿Y eso?.

– Porque la tienes más pequeña y tendrá que entrenar la boca para zamparse mi pollón. – Me contestó socarrón mientras se la meneaba. Y era verdad, la mía no estaba mal, pero la suya era bastante más gorda. Dani había dado un nuevo paso, tras mostrárnoslas, ahora estábamos meneándonosla uno frente al otro, mi amigo paró un segundo para bajarse el speedo, que hasta ahora le estaba tapando los huevos, pude ver lo grandes y redondos que los tenía, bien pegados a la polla, también se veía un poquito de su culo, y esa visión suya con el bañador sobre los tobillos me puso extremadamente cachondo.

– Macho, estoy chorreando precum, como esa guarra no venga pronto…

– Acércate.

Lo hice, y Dani extendió su mano hasta mi polla y posó sus dedos sobre mi capullo mojándoselos de líquido preseminal, yo instintivamente me eché para atrás, pero lo que vino a continuación me dejó paralizado, tras empaparse los dedos con mi precum, se los metió a la boca.

– ¿Pero qué haces macho?. – Contesté, aunque esa imagen no pudo excitarme más.

– Siempre he querido probar como sabía, y el mío me daba asco, y tú estás chorreando como una fuente. Y oye, no está nada mal. – Dijo guiñándome un ojo. – Venga tío, pruébalo, estamos experimentando, y esto va a quedar entre nosotros.

Repetí su operación, estiré mi mano hacia su polla y manché mis dedos, a diferencia mía, él no dió un respingo al sentir el tacto de mi mano, es más, arqueó su cadera para que el roce fuera mayor. Tras unos segundos de dudas me llevé los dedos a la boca y los lamí, como si fuese el manjar más exquisito, estaba tan excitado y Dani no paraba de mirarme, se la cascaba con una mano y se sobaba los huevos con la otra, esos huevos, tan redondos, tan llenos. El sabor era lo de menos, la situación lo convertía en delicioso.

– ¿Te ha gustado? – Me preguntó entre jadeos, ya que su ritmo de masturbación se iba acelerando.

– No está tan malo como esperaba, y que coño, esto ha terminado por ponerme burrísimo. Que le den a la tía, macho, voy a hacer que te corras, como nunca en tu vida, como hiciste conmigo ayer en el Jeep, te lo debo. – Y dicho esto le aparté de un golpe las manos, y las sustituí por las mías, una en su polla, y otra jugando con sus huevos, como estaba haciendo antes. – ¿Y a ti, te gusta esto? – Dije arrodillado ante él, con mirada lasciva y mordiéndome la lengua.

– Para… tronco… me voy a correr, para… de verdad.

Sus gemidos aumentaban, y mi polla también estaba a punto de reventar, por lo que liberé una mano y dejé de sobarle sus cálidos huevos para empezar a machármela yo. Pero no quería perder el contacto con ellos, que tanto me habían fascinado, y en un arrebato inexplicable les di un lametón con la lengua, Dani soltó un jadeo enorme, que me animó a continuar, esta vez succionaba, que inesperado placer.

– Tío, me corro, me corro, no puedo más.

Mientras Dani me avisaba de su inminente corrida, y gracias al movimiento que estaba haciendo para facilitarme que le comiera los huevos, pude ver su culo, con su agujerito virgen palpitando, y no me pude resistir, salivé mi dedo índice y se lo metí hasta el fondo, su grito fue atronador, pero vino acompañado de una abundante corrida, con varios trallazos, alguno cayó sobre mi mejilla y mi hombro, y entre el calor de su lefa sobre mi cuerpo y el de mi dedo en su ano, que no paraba de latir, mi corrida también fue instantánea. Le saqué el dedo con cuidado, y le pedí perdón.

– No he podido evitarlo, tío.

– Ya te vale cabronazo.

– ¿Habéis terminado?.

Era Carla la que hablaba, al parecer llevaba viéndonos un rato.

– Ya decía yo, tan guapos, no puede ser, ¡Maricones! Estaba claro. – Vociferaba mientras se alejaba por la senda camino a la playa.

Dani y yo nos miramos y nos partimos de risa, nos limpiamos los restos de lefa, ayudándonos el uno al otro en las partes que no veíamos, nos pusimos los speedos y caminamos hacia la playa. Durante el camino, Dani se atrasó unos pasos y metiendo su mano en la parte trasera de mi bañador, buscando con sus dedos mi ano, se acercó a mi oído y me susurró: – No te creas que esto se va a quedar así.

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